Tarde-noche, mensajes cruzados de ambos, nunca un reflejo dentro de aquel cristal golpeaba tan fuertemente la lámina de transparencia, sentimientos que querían salir de ese cautiverio a distancia:
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Deseo de mis manos recorriendo tu espalda y mis labios saboreando los tuyos. Movimientos sincronizados en ese eterno placer que desearía que no acabara. Pero el éxtasis es mucho mejor, y de nuevo volver a empezar.Una y otra vez, tus ojos tornándose en la nada, tu corazón asomando por la garganta y yo queriendo ser algo más de tu cuerpo.Empezarán a arder las sábanas, la habitación se quemará por completo, pero nada será más incandescente que nuestros cuerpos.
Y mi mente fluyendo junto con los suspiros que escapan del placentero estallido. El tiempo deteniéndose en el instante que llegamos al paraíso en la tierra, sin salir de la cama, en nuestro Edén particular.
Un descanso en tus jardines, vestimentas de piel fina, me abandonaron mis pantalones porque quería tus piernas de cinturón. Tu cuello un vagón del paraíso, tu oreja la puerta de los cielos. Bautízame en la fe de tus aullidos y adoraré tus ojos como el lobo a la luna. En lo alto de tus montañas rodeare tus intenciones haciéndote la diosa de mi ser, sellando tus labios para no dejar escapar el placer.
Atrápame fuerte entre tus brazos y no me dejes escapar, pues quiero morir en el placer de tu boca, resucitar en la fuerza de tu cuerpo. Álzame al cielo por que no querré bajar nunca y escucha como aúllo a mi luna, que eres tú.
Como un soldado abatido y protegido, sobrevivo a la tormenta de tu deseo rendido. El triunfo de la batalla es la gloria de tus besos, mi victoria ¿hará falta más que eso? Se desgarraron los músculos de las ganas y mi aliento sabía a carbono, cerré los ojos para seguir soñando y los abrí para presenciar tu templo. Basta para crear el fuego unos segundos, mira esos plebeyos buscando esto mismo por todo el mundo.
Que rabia no poder expresar mejor todo lo que siento. Los recuerdos se agolpan tímidos de escapatoria. Las palabras esquivan burlonas las ordenes gritadas por mi corazón. Y sin embargo tienes esa mirada que lo dice todo, esos labios de los que mana el agua que me da la vida entre tanto desierto. Déjame morir entre tus brazos, pues no hay muerte mas dulce ni resucitar mas verdadero que cuando abro los ojos y te veo junto a mi
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Y llegó la pausa, pero no el fin...
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