Dime que los amaneceres no te renacen día a día. Dime que nunca estuviste con alquien que te desintegrara los órganos uno a uno, que te los llenara de tinta o pura droga en lugar de sangre; que la notaras en cada beso, en cada pulsar de un dedo sobre la piel ajena, en cada entablado de miradas. Dime que no la quieres; que no se te esconden los huevos cuando las haces enfadar, que no coges su cuello como si fueras a herirla, pero le das el mejor de los besos. Dime sin mentirme que no se te para el tiempo mientras no hay más intermediarios que las sábanas. Dime que sus gritos no saben a ángeles entonando la mejor de las óperas. Dime que la furia es arder en el infierno por volver a hacerlo. Dime que no te quedas helado cuando se levanta de tu cama y se va. Dime que no se te volvieron roca y granito esos mismos órganos cuando ella se marchó. Dime que no quisiste reventarlos contra el suelo cuando fuiste tú el que tuvo que marcharse.
Dime que no bebes para olvidar. Dime que cada sílaba de tu boca no lleva la melancolía mezclada con hielos. Dime que las amistades son de mentira. Dime que no recibirías más de un puñetazo por defender a los que son como hermanos. Dime que las noches no se hacen como victorias en un ring cuando se alzan las jarras. Dime que la cerverza es la rubia que más amas y más desvistes. Dime que las lágrimas saben a puro vodka cuando sonríes porque ellos están ahí, pese a todo lo que pueda estar matandote en ese mismo momento. Dime que la sangre la única cosa que no compartís. Dime que son únicos. Dime que no son molinos, son gigantes.
Dime que no caminas cada día más alto por tu madre. Dime que no te sangras las manos agarrando tus miedos por tu padre. Dime que no ansías llegar a casa con lágrimas congeladas y llagas en los dedos para decirles que lo conseguiste. Dime que no darías la vida por uno de tu propia sangre y no por que la tuya no valga nada, es porque no tendría valor sin esa persona.
Dime que no te acuestas despidiendo al sol con la mano en el pecho y saludas a la luna con un guiño jocoso. Dime que corres para llegar más rápido que tu propio destino. Dime que caes mil veces, que sangras como los mortales pero que te levantas como los dioses. Dime que el aura que empatizas no es sino brisa marina en una tarde de primavera. Dime que no ríes, que no lloras, que no te atormentas. Dime que la felicidad es vaivenosa. Dime que la suerte sólo se acuesta con los que la compraron.
Dime que no se te clava mi lápiz en el esternón. Que no te entran ganas de adueñarte de las calles en la madrugada y sentirte el rey del mundo sin necesidad de morir de hipotermia en el mar por no decir que a lo mejor había sitio para tí en esa tabla, Jack.
Dime que esto es mentira. Dime que tu quieres ser la mayor de mis verdades. Dime que estoy confuso pero estoy en lo cierto. Dimelo todo, o no me digas nada.
Dímelo, nunca te calles.
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