viernes, 17 de octubre de 2014

Treinta y cuatro

Legado cilíndrico, con la máxima de las transparencias. Tan hondo como mis pesados pensares y aquí lo tienes, lo he besado más veces que a todas las mujeres juntas que tuvieron oportunidad de probarme. Y aquí nos tienes, observándolo mientras me niega la mirada.

Ojalá pudiera decir de los que te ven siempre medio lleno, pero no es el momento. Ni siquiera puedo decir que te veo medio vacío, porque a poco que te quede ya estoy un poco menos triste. Es este vaso.

El vaso me da vértigo, como lo daría un pozo. De aquél en el que vierto mis peores cuestiones, mis penas; allí, entre el licor y el hielo mueren por ahogamiento y aunque sepan nadar, la hipotermia termina con ellas. Idiota de mí que luego las engullo para enterrarlas en mi sangre, creyéndolas en descanso eterno, retoman como muertos vivientes a buscar en los pocos rincones de mi alma con  endorfina para devorarla hasta el último hueso, incluidos también, por aquello del calcio.

He amado a besos más veces este contorno cristalino que los mil labios carnosos, quizás por eso me haya vuelto tan frágil como tú. Pero ahí sigo, mamando como el recién parido de la teta de su creadora, solo que contigo me destruyo, sorbo a sorbo.

Te zarandeo en círculos provocando oleajes tan bestiales como los que les da por golpearme cada noche. Te cojo con el mimo del que coge por la cintura para meterla en caliente. Pequeño eres mío y así lo hiciera, como tantos símiles pueda dar tu imaginación al hecho de quererlo, sí, pero abandonarlo una vez te bebes su contenido. Imagina lo que quieras.

Y ojalá pudiera mentirte. Ojalá las tonterías se me derritieran como a ti los cubitos, más quisiera que me regaran por dentro con el mejor de los licores, en parte por el sabor exquisito de probarme y en parte por aquello de que el alcohol lo cura todo.

Vaso, hondura tristeza al terminarte, que se trastorna cuando te llenan por completo. Que rebose como bosa mi felicidad después de un buen polvo. Camarero, hágame feliz por unos instantes más maldita sea. 
  

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