jueves, 2 de octubre de 2014

Veintinueve

Valentía de la que se estremece por el dolor pasado y aún presente. Arraigo de mis mil pesares que ahora hacen subir la báscula de mi conciencia, cabrones.

Ya no soy capaz de sortear, de constipar la endorfina a extrañas como si un tributo le guardara,  cuando el contrato se rompió  ya en pedazos mil.

¿Porqué la huella? pregunto retóricamente a mi  ser atemido o temeroso de no saber si esto será paso del tiempo.

Perdí la senda de mis ideales, subaste a la baja todos mis valores. El mago del truco más viejo del mundo y aún así se le siguen cayendo las cartas; deambular por el limbo apartado de toda concesión por miedo, ¿miedo de qué? La cortesía social me agota.

No puedo, ni el alcohol me abraza en el baile de eses; ahora me golpea el bajo vientre mientras me dejo hacer; escupo sangre al son de tremenda paliza mas mi consciencia no se apaga; me quiere ver sufrir, ¿sufrir porqué? No lo sé, la cortesía social me agota.

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