(Querido lector/a, advertiéndole de la confusa lectura, le invito a imaginar las preocupaciones de todo un cerebro, miles de millones que no hacen fila para abordar nuestro consciente una a una sino que se apalean como señoriales y renombrados por salir en la foto, ahora continue y si disfruta, hágalo saber. Att. el que escribe)
Morfeo me puso en el camino:
"Casi levitando sentía cómo dejaba huellas marcadas en las nubes, semiconsciente disfrutaba de la arena colándose entre los dedos.
Atardecer en mi retina, las manos dejaron de obedecerme pero seguí por el sendero viendo mi orgullo prostituyéndose para fumar plata, un día tras otro; mis principios camino del exilio para mantenerse con vida y volver con la palabra que otros pensamientos callaron a base de: "no hay más que lo que ya está creado". Quizás sea como lo de ahí fuera, que pueda ser cuestión de tiempo, no de ideas.
¡Oh hijo mío!, es imaginarte corriendo descalzo, sucio, manchado y tan hambriento en busca de la vida que no puedo evitar sacar la polla del vientre de tu madre para ahorrarte el sufrimiento.
Tres cosas hay en la vida. Una eres tú. Otra soy yo. La tercera es no volver a verte.
"¿Y tu por qué escribes?"
Si lo hiciera por dinero tendría que pagar a tanta gente.
El ahora. Tu y yo. Confundir la necesidad con el deseo y tropezar con la misma piedra hasta romperme los zapatos
Entalca su lacrimal a diario, los demás no pueden saberlo. La valentía de los hombres se mide en el tamaño de sus cicatrices. Buenos azarosos son en mi comparación, pues mis heridas se abren con la misma facilidad que sus bocas para narrar tan arduas batallas.
Un esternón permeable a la lluvia de los desprecios. Una estima que fuma tabaco sin filtro. Mueren y disfrutan de todo aquello.
¿Precioso verdad? pregunté sin obtener respuesta.
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