Marchamos, cansados, semidormidos, con algún jolgorio que anima la moral del compañero pero que desaparece a medida que nos acercamos al campo de batalla. Nosotros, marchamos.
Desde el momento que enfilas el camino de los vestidores revestidos de azulejos blanquecinos ya rebotan las palabras, ¡qué digo desde el momento!, ¡antes si quiera de bajar del autobús!
"Padre" nos lee sabias palabras, palabras de guerra, porque somos guerreros. Palabras heroicas primero, para subir la moral, palabras verdaderas después, para recordar que los pies de un guerrero deben estar en la arena por muy alto que vuele la gloria.
El calentamiento se hace extraño. Las personas normales aluden a mariposas en su estómago cuando quieren hacer referencia a los nervios a flor de piel. ¿Qué bonito eh? Mariposas, flores... yo más bien tenía dragones escupiendo fuego con complejo de "Alien resurrection" intentando salir de mi, apropiarse de mi ser, enseñar los dientes, jugar al juego de la supervivencia del más fuerte. Mientras tanto, vamos encendiendo en calor los músculos haciendo trotes y variantes de un lado a otro de un campo que los guerreros que me acompañan llaman "patatal" mientras que a mí, el sonido del aluminio clavándose en esa selva en miniatura me recuerda a bailar en un tablao de flamenco formado por insectos crujientes. La cosa es salir con la mente en matar algo...
Yo llevo poco aquí, y como las buenas costumbres y todos los guiones hollywoodienses marcan, la novatada se paga: los nervios te desvocan, te pasas de frenada, tu ímpetu se desfoga de manera tan descontrolada que acabas fuera de juego antes de lo que te gustaría. Añadir a lo sumo, el amago de que tras correr no sé... ¿40? ¿50 metros? y quedarte sólo a cinco de conseguir un estreno soñado, pero hay más días para soñar.
Desde la banda observo como esas bestias danzan con una sinergia que asusta. Se movilizan, entran, placan, corren, barren. Y como un humillado guerrero herido en combate y retirado del campo de batalla. trato de salvaguardar mi honor dejándome lo único que me queda disponible: la garganta.
Se hacen llamar leones, pero visten jabalíes. La mezcla de especies es correspondida. El valor de reyes queda representado ante la nula capacidad de amedranto ante rivales de tamaño superior. Lo de jabalíes viene más por lo de su condición de omnívoros: da igual que es lo que tengan por delante, si tienen hambre se lo comerán.
En definitiva, me han acogido en su manada como uno más. Y parando con el paralelismo animal no hay que olvidar que somos hombres, caballeros de verdad que no simulan el dolor, que lo aguantan hasta que éste se hace tan pesado que perjudica más al grupo que a uno mismo (esto es por quitarme hierro), y sobre todo, hombres que tras finalizar la batalla no se dan las espaldas e invitan a entrar al desprecio en sus mentes sobre su igual y contrario sino hombres que abrazan y valoran la lucha tanto de los suyos, como con los que se han batido.
Y eso, señores míos, ha sido mi primer partido de rugby.
Los pelos de punta
ResponderEliminarPaciencia, ganas, y nosotros te ayudaremos en lo demas
Sigue asi maquina vales mucho
Un abrazo y placajes jajaja
Increible
ResponderEliminarGrande Mario, muy bien plasmado ese cúmulo de sensaciones de los previos a un partido, pero no sólo del primero sino de todos ellos luego simplemente controlarás más los nervios, pero la emoción estará ahí.
ResponderEliminar¡Qué pasada!
ResponderEliminarGenial! Qué difícil es describir emociones, pero ¡lo has conseguido!
ResponderEliminarDe la novatada: don´t worry! Habrá más partidos...