El que vive de amor vive de la locura. Danza por las pieles de su amada, Canturrea alaridos de placer, sonríe en mutis, como un milagro sin explicación lógica alguna, un instante que nos mueve a una curiosidad deseosa, casi tanta como por la otra persona, de saber el porqué de esa risa, dónde esta su raíz, hacia que cardinal apuntan sus rayos, ¿es por mí o es por algo que yo he hecho?
Y la risa no hace sino agrandarse, mezclada con la ternura que provoca decirle, pedirle, susurrarle la calma de hacerle saber, que la respuesta a todo es...ella.
Y para el resto de los mortales que desconocemos o que no somos espectadores de tal maravilla seguimos caminando en círculos, saltándonos semáforos en rojo, escuchando música que recuerde al ayer, bebiendo aturdidor reducido para matarnos poco a poco.
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