jueves, 15 de octubre de 2015

Roto, oscuro, tigre

Pensar duele. Porque... yo no soy de esos barbudos de pitillos ajustados que se jactan de universidad de calle y escepticismo barato que dejan caer como las ilusiones de las pasiones que levantan previamente, así de arriba a abajo.

Mi color es el 'roto'. Zapatillas rotas, sudadera rota, pantalones rotos, romper es lo mío. Pero quizás por esa vez no quería ser yo.

Una migaja que se tornaba en tu alimento más satisfactorio, pero sólo con la puerta cerrada. Una habichuela mágica que crecía en tu pecho una vez me plantabas besos en la boca, pero una planta rara, sólo creciendo a oscuras, fotosintetizándose gracias a la luna de un mirador. Y yo quería sol.

Y no, maldita sea. Te había conocido. Había arrastrado mis divagaciones entre principios cuando trabajar era algo más que cumplir órdenes de otros, era dejar crecer nudos marineros en mi seca garganta cuando te cruzaba la vista y tu lengua, aquella jugosa de la que tanto néctar me diste de beber, aparecía tímidamente por miedo a ser descubierta.

Te había conocido y quería gritarlo. Quería cantar a pleno pulmón que te pertenecía, que me sobraban razones por tenerte a ti de única verdad, que me había vuelto religioso de repente para creer en ti. Te había conocido y quería gritarlo, pero en la oscuridad todo es mudo.

Y ahora, he ahí mi ironía existente, moreno negruzco tras haber roto las cortinas y las ventanas para tener sol, veo que fui yo el que rompió todo, por que es mi moda, por que siempre rompo...

Y castigamos al tigre por escapar de su jaula, como si las barras fuesen el mayor de sus premios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario