domingo, 26 de octubre de 2014

Treinta y siete

Deber, entendido como a mi mismo hace la obligación de las pasiones sin certeza ninguna, no es llegar a ciego pero llevo todo el maldito año así, por lo que no me voy a parar por miedo ahora que ya cogí carrera.

Lo que se hace con ganas y pasión se hace bien, como los que emprenden a pesar del riesgo. Pero lo sé, ya deliro al entrar en la madrugada. Deseo.

Hablaba del deber. De mis intenciones. De quedarme un racimo de voz y preferir llamarte; el deber a mi no me llama.

Y por hoy todo. Mi deber me esta tirando de las orejas mientras me lleva al castigo de encerrarme en mi habitación. Y allí, preso de los correctos valores pensé: " Algo fue, por que leyó dos. Le enseñe sólo un cuento y me devolvió el libro cambiado de página". Claro que leer no significa lo mismo que agradar. Lo mismo lo hizo por quedar bien, lo mismo me estoy volviendo viejo para esto.

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