Noches de whisky barato y labios fáciles. De hermanos de copas y barras heladas. De mañanas vacíos y dolores reincidentes. Y yo aquí sigo colgado por pedirte una luz que me alumbre.
Cuando se me acabo el vaso, ése al que dedicaba mis plegarias, empecé a beberme los mantos de escepticismo que envolvían incómodas situaciones. Así de fácil hermano, y yo pidiendo el amor eterno solo para tenerlo un rato, por lo de mi faceta de dejar para los demás y no ser aprovechado.
Enamorado de los que me acompañan en este sendero de vasos de tubo y me tratan como si de su misma sangre fuera, sólo por el embaucamiento del licor o quizás por que ni la sangre es tan fuerte.
Me gustaría que os encrapicharais de mi como una dulce mente inocente de lo descubierto pero, moriré joven. No se cómo, ni cuando, quizás dónde pero si llego a viejo, será otro de los motivos por lo que levantar la copa al unísono; mirar a esa preciosidad que nos observa a lo lejos y cantar canciones como si burdos piratas fuéramos. La noche es nuestra hermanos, compañeros, compadres... esa mujer nos pertenecerá siempre que estemos aquí para rememorar historias aderezadas con un par de hielos.
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