lunes, 3 de noviembre de 2014

Cuarenta y uno

La pantalla en blanco en frente de mi se vislumbra como un desierto. Un terreno inhóspito, inerte, vacío.

¿Qué pintar sobre este lienzo? Ahora que puedo ser Dios a mi beneplácito...¿Qué formas debería crear? ¿Les debo dar vida? ¿O basta que la grafía que deje tras mis pisadas cobre color al ser engullida por aquellos ojos que pasan el tiempo observando como voy llenando mi desierto blanco, inhóspito, inerte, vacío; desde el otro lado del cristal?

Las preguntas retóricas, las mayores excusas. ¿Por qué no tú? ¿Por qué no aquí y ahora? Lo pensamos, nos evadimos para ello pero claro, a saber qué pensarías de mí.

Da la casualidad que me gusta juntar las cosas que no saben mentir. Por eso me emboban las pupilas:

"- ¿Pero qué hay de nuevo en mirar unos ojos, si hay más? Del mismo color, del mismo tamaño, de la misma profundidad...-.
- No, como los tuyos, aquí y ahora, no."

Anhelo juntar manos. Hablan menos que la boca pero, como los ojos, dicen mucho más. Tus manos; exaltadas e inquietas, trémulas y nerviosas, como adoro mi piel cuando las escucha.

Resulta que andamos distraídos. Que voy a seguir sin entender a las mujeres hasta que me muera. Que la que me quiera vivirá con carteles y señales en el trastero.

"-No, es que es de mente desnuda, inocente -.
- Quizás sea a ti y a esa capa de superficialidad que mantienes con distintos tonos de maquillaje invisible, la que le falten un par de ovarios para  clavarme las uñas en el pecho sin la cortesía de haberme abierto en canal primero.  Arrancarme el poco corazón que me queda de las venas de melancolía y las arterias de alegría que lo bombean. Pegarle un mordisco más y que te sepa a plato vanguardista de cocina: un bocado pequeño pero gustoso y saciable, como una ironía en sí. ¿Cómo tan ínfimo mordisco puede albergar tantos sabores y emociones? "

Y volver a lo mismo. A recogerlo del suelo, limpiarle la suciedad y el pintalabios, marca de tu dentellada. Ya no duele o no tanto. Más que dolor, te invade la frustración de decir: "¿Como es que por más veces que coso la herida, llegan siempre las manos ajenas traspasándome el busto como el cuchillo cortando la mantequilla? ".

En fin, ¿por dónde me había quedado? Ah si, mi desierto blanco, inhóspito, inerte,  vacío... ¿Habrá algo abierto hoy martes por la noche?

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