Dosis de lo de siempre pero con más arsénico. Plomo en mi lengua. Palabras de cortesía para ocultar impulsos. Y perdóname por el atrevimiento pero, estás increíblemente natural....
Siempre, ese "siempre" ocupando mi línea temporal y otra semana más pero esta diferente, que si cuando no prestas atención es cuando mira la gente.
No soy nadie debajo de ese tal alguien, subyugado de un hombre que mira hacia arriba para ser como un tal nombre; es papelina, humo... Detrás de cada escalafón cuanto más alto, menos jugo.
No llevo sombreros ni fumo si bebo, si; pero sólo como autoconsumo. Trafico con mis pasiones, la mejor postora siempre es la dueña de mis intenciones.
Cuando me aflige la herida, meto el dedo y pruebo la sangre y no quiero compartir contigo, por miedo al veneno, por miedo a besarte.
Y siempre la misma conversación. La timidez no me la imagino con el sonrojo de mi tez sino como un violador de mi carisma. Lo ata, amordaza y venda sus ojos, todo para echarlo a caminar en un campo de minas.
Así soy yo, mi verdadero yo. Luego me vuelvo San Pedro negándote estas palabras hasta tres veces para mantenerme con vida, la aburrida, estúpida e insulsa vida de cobarde.
Esclavos, bajo la sombra alargada de un látigo reprimido. Me lo avisaron, esa bruja celta y todos esos símbolos. ¿Cómo puede albergar bajo la misma piel la mente que transcribe estas emociones (que si las escuchas bien te pueden sonar a susurros en la oreja) y ese encefalograma plano que de plantarse ante ti se queda callado o se pone lo suficientemente nervioso que te mire el pecho sin querer y acabe muerto de la vergüenza?
En mi defensa, en mi obtusa opinión, me excuso diciendo que me he encariñado demasiado de esta soledad, que sólo me oyen (y me leen) decir estas palabras (a la cara) aquellas mentes que me otorgan con el doble que les he dado, y sin pedir el cambio, doy propina gustosamente por los servicios prestados.
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