jueves, 27 de noviembre de 2014

Volare

Todos hablan de volar. De surcar los cielos de punta a punta y cuando llegan al final se dan la vuelta y otra vez de nuevo a empezar. Agitan sus alones para ganar altura, luego planean en círculos cerrados, cada vez más cerrados hasta que no caben más que ellos, como si fueran poco.

A mi no me salen los voleteos, que hubo tiempos que con Laura me picaba la espalda y creía que me estaban saliendo las alas. Y sí, me crecían pero, como me daban de si las chaquetas, tuve que cortármelas por no poder cambiar todo mi vestuario y por que me salió de los cojones.

Luego me dediqué a saltar acantilados al vacío pero siempre me quedaba colgado, Cuenca es lo que tiene, que se te pega.

Alguna intento pintármelas, por que lo hacía tan bien que no le resultaba difícil dibujarme dos grandes alerones. El problema que al ser trazos de pincel y acuarela debíamos volar desnudos por que a nada que tuvieras peso extra se rompían. Rompí muchas alas, tantas que ya no sabía cómo podía hacerlo de lo delgado que me estaba quedando (por que el volar quema mucho y si ya te arrimas al sol ni te cuento) y descubrí que me dibujaban las alas rotas a propósito, por aquello de que estando herido no rompería los pinceles.

Hoy día voy andando a todos los lados por que hasta la bici me la rompieron para que no pudiera perseguir a esos que trazan líneas en las nubes. Sólo y con la intención de preguntar de si las alas, una vez las cortas, vuelven a salir; por dejar de hacerme ilusiones, por comprarme unas buenas zapatillas que arrastren este inválido.

Y ahora envidio hasta el líquido, por que también se volatiliza. Y me duele el cuello de tanto andar mirando hacia arriba; no, no busco piso, ni voy con la cabeza bien alta, que más quisiera. Los busco a ellos, a vosotros, para ponerme los cascos con música melosa y ver como voláis mientras desguazo pipas con sal en un banco pensando en mí y en los días que volaba tan alto y hacía tantas piruetas, que llegué a enamorarme.

Y sucede que tengo el patio llenos de jilgueros dejándose el buche para que silbe junto a ellos, pero yo sigo mirando la jaula con ceniza, por si lo natura erra.

De jugar al yo soy yo y no toques que mancho. O tírate al barro que lo mismo nado en chocolate y tú andas pidiendo algo para soplar en una taza  vacía para las mañanas de invierno.

Y ya está, lo próximo es lo último, lástima que no ría mejor que el primero.

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