miércoles, 6 de enero de 2016

Invencible

El pecho se te encoge cada vez más hacia dentro, por que tus latidos cada vez   cogen menos impulso. Eso es vivir en el rechazo. Pero no uno cualquiera, el que tú mismo has creado.

Es como imaginarse a Dios, nombrado aquí en vano, deambuleando borracho por las esquinas del Edén con lágrimas cayendo por sus mejillas divinas, con alcohol bajando por su garganta insaciable... ¿Porqué no? ¿Acaso no fuimos creados a su imagen y semejanza?

Me quiebro las piernas y el cuerpo con tal de expresar todo lo que me duelen las palabras que escucho pero que no quiero oír, lo llaman juego. Como el nuestro, solo que nunca hay posibilidad de que ganemos los dos.

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