martes, 14 de junio de 2016

#66

El viento que viene con mensajes y se que cuando se va, lleva consigo mi incertidumbre, mi paciencia, mi control.

Auguro ya que viene siendo como el oxígeno 2.0. El nutriente que mamamos como críos virtualizados de la gran teta de la conexión por ondas, y lo que lloramos cuando nos lo quitan de la boca, o de las manos.

Ahí está, invisible. Solo a la vista de la pantalla en función de las rallas que aparezcan. Como el futbolista desfasado, notas su ausencia cuando ya no están...

Ay wi-fi —drama de acomode por perderte, cuando no lo tienes, lo que dicen esos conocidos completamente ajenos a tu persona— que poco llegas al cuarto.

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