Un lápiz afónico que desgarra las cuerdas minerales. Partida de punta y madera, siempre fuera y pintarrajea cosas sin sentido cómo el que presume de experiencias que nunca ha vivido.
Bordados de verano, de los antiguos. De no saber desde qué punto nuevo mirabas la estrella polar cada noche por encontrarse con una osa de mayor o de menor tamaño, qué más daba con tal de orientarse un poco.
Y plenilunios después, todo nos suena a chiquillada, a músculos estirados, preposiciones indecentes, asociar la noche con el descanso en lugar de no tener descanso por la noche.
La fuente de la actitud y de la juventud cortaron el grifo como los padres hartos de pagar matrícula. Y no tengo queja, tengo olvido. Por perder la libido y preocuparme por llenar el estómago. Y no ver esperanza por más que me pinte de verde la cara.
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