lunes, 5 de julio de 2021

112

Se me ha vuelto a hacer tardísimo. Las maletas preparadas, aunque llamar maletas a esto es demasiado considerado. Quiero dormir para mañana conducir hasta donde las dudas se disipen. Pero no sé dónde es.

He vuelto a incumplir el calendario. Y no hago nada más que tachones sobre nuevas anotaciones. “Son rachas, mañana será otro día”, pero suena tan vago el auto compadecerse.

Confieso que no sé de qué va la vida. Que me ahorcan las ganas de meter una patada a la oficina, pero pesa demasiado lo a gusto que se siente llamando "dulce hogar" a estas ocho paredes. Lo es, en serio.

Me encanta compartir miedos. Se hacen pequeños, se arrugan y cuando quieres darte cuenta no son más que otra anécdota de la que sentirte orgulloso. No todos funcionan así. Pero es mi punto.

Verás, la sensación de paz, de ese respirar profundo, la he sentido de muchas maneras. Pero creo que en la totalidad de las situaciones pasaba por sentirte unos segundos vulnerable. Ok, no es puenting ni un salto en paracaídas, pero la sensación te hace chorrear hasta por el último poro del cogote. Y luego el alivio o la verdad, o ambas respuestas son correctas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario