domingo, 20 de diciembre de 2015

Basta

Supongo que he llegado a ese punto, momentáneo por otra parte, donde no todo es cosa del cerebro.

Arengas a tus piernas temblonas y magulladas que se sigan moviendo con la rapidez y libertad de siempre, pisando el terreno con dureza, trotando al ritmo de caballería. Pero no hay más retorno que la errata de orden y un apretar de dientes rechinante a modo de contraestímulo por el dolor que causa la intentona de movimiento.

La carne se colorea venosamente y metamorfosea nuestras intenciones. Como cuando las palabras hieren nuestro interior pero nos sale aquello de "tranquila, estoy bien". La piel mantiene su estructura rugosa pero por dentro los capilares explotan derramando nuestra vitalidad. Pero eh, tranquilo, estoy bien.

Es nuestra mentira disfrazada del honor y el sacrificio. Pero todo tiene un límite por muy dioses que nos sintamos al cobrar la pieza de una victoria.

Me tambalean hasta las ideas y entre delirios sigo recordando episodios. Ahora, hoy dia, reposo moviéndome con dificultad entre quejidos que suenan a octogenario, y con el cuidado además de no rozar heridas que forman costra. La buena compañía de una can hace no ver el retiro oscuro. Sus volteretas de inocencia y mordisqueos de cariño desmesurado reviven esta estancia a falta de otros estímulos.

Preferiria estar mejor. Corriendo y abriendo mis pulmones para que no volvieran a cerrarse con un placaje estruendoso, saltando a por el objetivo dividida, bailando canciones de victoria... Pero ya basta, se acabó. Necesito descansar.

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