Mis saberes se enquistan en una batalla perdida; y mi alma, masoca y sumisa, se separa de si misma - mitad misántropa, mitad mimosa- amasada por el síndrome de Massiel y con el objetivo de cumplir con la mesada para mi felicidad. El dejar de ir a misa para buscar mi musa, cambiar los codos en la mesa por las manos en la masa.
Todo no parece encajar en un mosaico semi derruido por los miedos, pensamientos en musarañas y mis sorbos en vasos, mas sé, que no hay un nuevo amanecer en eso de 'mañana será otro día'. La ímpetu perdida, unas quejas baldías y esas penas vacías arden preciosamente en el instante en el que muerdo la realidad hasta anclar incisivos.
Pero de igual forma, no puedo evitar el relámpago en la espina dorsal con el consecuente alzado en armas de mi vello, esa llamada que burbujea la piel cambiando su orografía, diciéndome que el mundo ni si quiera tendría la necesidad de masticarme para hacerme desaparecer.
@Mario_Gomez13
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