sábado, 9 de abril de 2016

#62

No lo entiendo. Se supone que conforme pasan los días, nos surcan la piel pliegues cada vez mas profundos y avanzamos hacia ese final escrito; y en un contrato no escrito llega un momento en que cambiamos, nos adaptamos a ciertas rutinas diferentes. Pasar el día en la cama es etiqueta de domingo festivo, las locuras quedan reservadas a la vergüenza y nos cubre un ímpetu que todos llaman madurar.

Y no lo encuentro. No sé si es una pócima, un susto, un paso sin retorno... No lo consigo hallar y aqui estoy como si el tren de mi vida hubiera pasado y para intentar arreglarlo, me dedico a construir estaciones como el que se hacia promotor antes de 2008.

Madurar. Cambios de hábitos, asimilaciones sociales ciertas guías, rechazo por su incumplimiento...

Y sonrío cuando me llueven los ataques, ¿barrotes? Para qué, si yo solo puedo montar mi propia cárcel sin instrucciones del ikea.

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