No quiero mentir, porque la mejor de las sonrisas es la que sale de veras, de una verdad verdadera y de una vez por todas. Quiero sumergirme en este mar y ver si las olas me vuelven a partir el cráneo, o si por el contrario, me mecen como una madre a su retoño.
Jugarnos el gusto por la lejanía, estar al borde del precipicio para tomar el aire más puro. Toda una serie de acciones que, si nos llevaran bajo la tutela de Murphy, nadie le echaría la culpa de nuestra desgracia, mas bien dirían:"él se lo ha buscado, por jugar con fuego o simplemente, por gilipollas".
Y querer ser desterrado a gritos de mi boca mientras mis ojos se apresuran a recortar su blanco pidiendo mantener su condición de refugiados.
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