miércoles, 14 de diciembre de 2016

Martes 13+13


Existe la impasividad del goteo, en agua o arena, en río gongorino o en reloj de cristal. Existe el paso del tiempo, fluctuante, lineal, hacia delante... pero también existimos nosotros, existe nuestra multidireccionalidad, el girar el cuello hacia atrás, en achinar los ojos cuando ponemos la vista muy al frente.
Nos arrepentimos, nos enorgullecemos, pensamos en si nuestro presente esta lo suficiente fraguado por nuestro pasado y si éste se repetirá en un futuro.
A veces, y solo a veces por mi retenedora cobardía, me suelto el pelo (a pesar de que no vuele al viento). Que sí, que esto lo habéis visto mil veces: el carpe diem, el tempus fugit, el rollo de vive sin mirar atrás pero ¿y el porqué?
A veces, y solo a veces por mi osada irresponsabilidad, me suelto el pelo, me meto en jardines a robar rosas y que me corten las espinas, que me salpique el rocío de sus hojas frescas de buena mañana como los mejores polvos, que sangre y escuece la piel por el roce con la malas hierbas, que el sufrimiento sea un colateral del disfrute, algo que nos recuerda que nada es porque sí pero que los miedos no se van, sino que se superan.
Y me debo a ti. A mi callejón sin salida, a la mejor partitura que tocan mis manos, a la locura de escasa comprensión, a la singular armonía de carne y risa, a la guinda de sonrisas que barren la broza y destapan el bozal de nuestras afiladas ganas. A decir que te amo en el más profundo de los silencios, de las pausas, de lo que no se ve pero si se siente, solo y cuando no llevas armadura.
Y que sean muchos más...y que sea solo una.

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