Eso o quizás aquí dentro hay mucho ruido. Bancadas de opinión de tirar todo al traste y vivir como se pueda, pero centrado en hacer algo más que un sacrificio para volver a disfrutar de muchas cosas sí, pero primordialmente de uno mismo. Y de otra parte, las que aluden a la estupidez de arrojar el rutinario sustento por algo que puede acoplarse a este moribundo estilo de vida. "Solo es cuestión de organizarse", exclaman. Pero por más apps, horarios o recordatorios que retrase cinco minutos más, al final la rutina que termina cumpliéndose es esta recaída en la parrafada que grita de forma muda y que lo hace de noche, para no molestar.
De último, lo más emocionante que me pasó recientemente fue imaginar ciertas actitudes de aquel baúl-carpeta donde guardé viejas fotos de mentira a Málaga. Así está el patio. Ya no miro aquello con el remordimiento, el pasar, e incluso las ganas. Pues dependía del año y la época, que lo solía hacer. Sonrío al saber que son capturas de momentos en los que el tiempo se paró. Como una prueba de que esa vivencia no es mitología. Mas para qué negarlo, ya no pierdo la cabeza tratando de reproducirla.
Pasos hacia nadie sabe dónde, no descartes alguno atrás. El final un día más cerca que el anterior, y tengo la certeza de que será el cuerpo el que me pida algo de autofagia mental, por mucho que ambos elementos estén separados como si de hardware o software se tratase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario