lunes, 25 de enero de 2021

#100

No sé si será el 100, pero no será motivo de celebración. Hoy, por lo que sea, la uña del pie, del otro pie, ha comenzado a joderme la existencia y aquí estoy, con ritmos latinos de la playlist de El Madrileño, por el segundo Ibuprofeno y rabiando en silencio.

Buceo entre la basura de la red y cada vez me genera más hastío la gente. “Eh, miradme, hoy es el periodista, miradme, soy periodista”. Y ni hay nada malo de ello, salvo no tener pasión por lo que haces. Pero a lo que iba es que la gente tiene el gatillo corto y tenemos (y tengo) gran parte de culpa. Hay veces que ni interesa lo desviado y medido que el foco apunta hacia una esquina y solo a esa esquina, a sabiendas que es lo que generará que las miradas vayan allí. Y detrás de los vistazos, llegan las falanges raudas y voraces escupiendo odio para después sentirse superior con tal de desprestigiar algo que ni le va y ni le viene, que de no ser porque se lo hayan pasado por delante de su jeta ni se hubiera molestado en verlo, mucho menos ir a buscarlo.

Y entre estas mierdas de reflexiones sigo rezando en arameo a que el antiinflamatorio me haga efecto. Deseando conversaciones que no llegan, otras que te hacen preguntarte porque hay personas a las que se le dio el don del habla y otras que simplemente te recuerdan que callado estás más guapo.

Estoy a un paso de la terapia, a otro de caer en la tentación y un par más de hacer algún combo estúpido. Mientras tanto, sigo aquí. Sorteando las olas que parecen que aún estan lejos, pero que en un parpadeo te pueden matar. Como la que te lanzó de cabeza a las rocas en Puerto de la Cruz, sin saber cómo no te quedaste alli. En cambio, te levantaste aturdido, con el cuerpo como si hubieras cometido una carnicería, pero vivo.

No cesa el dolor, la bilis negra haciendo circunvalación por una “mente insana in corpore escombro” y no ayuda este insomnio, ni las obligaciones propias pese a saber que mañana es tu dia libre.

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