viernes, 1 de enero de 2021

2021

Otro año en el que, quizás más que nunca, me he dado cuenta de que esto no es una línea recta. Que con suerte va hacia adelante y si no, te hace dar rodeos hasta que te encierras a tí mismo. Seguro que a tí te ha pasado.
 
Llegado a ese punto, solo queda derribar paredes. No lo haces en vano, pero también trae consigo heridas, cortes y dolor que callas durante mucho tiempo para mantener la compostura.

Hay ocasiones en las que me sumerjo en un espacio único. Lo hago por minutos y  lo utilizo para pedir a nadie su hombro para hincharme a llorar. Decirle que he estado jodido, solo, encerrado y que no podía acudir a ninguna otra persona. Luego recuerdo que tengo que ir a trabajar, a hacer la compra o atender cualquier otra mierda y cierro con llave ese desván.

Y fíjate que estoy tranquilo. Porque me quité muchas de las espinas que me hacían sangrar. Látigos que me apretaban el pecho hacia dentro y me hicieron ver que no hace falta que te pongan las manos en el cuello para dejarte sin respiración. Pero tengo eso pendiente, abrir la compuerta del lagrimal, dejar que todo fluya un poco más normal, mirarme a los ojos y respirar hondo sabiendo que el contador ha vuelto a cero... Como hace todo el mundo con esto del cambio de año ¿no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario