Volar en esa tranquilidad, respirar profundo. Notar por primera vez en mucho tiempo el cajoneo de tu pecho incesante y deseoso, de que llegue el día en que implosionen nuestros mundos, nos fusionemos en un una sola cosa, para después partirnos en trozos.
Puro deseo el que se evapora de tus afligidos gemidos. Qué ganas de cogerte del cuello, que ganas de hacerte cumplidos, que gusto será el construir otra vez ese puente de lujuria, deseo y placer entre nuestros ojos cuando este entrando y saliendo de ti.
Me distraigo durante el día para no pensarte todas las veces que me pide el cuerpo. Porque es impotencia, deseo que se me escapa por las rendijas. Energía que quiero soltarte de manera intensa y prolongada. Porque no va a ser un quizás. Ni un revés de última hora. Quiero que te subas encima de mi y me apagues este fuego que sigue el camino hacia un estallido de supernova. Y quizas sea así, una brutal explosión tras terminar los dos, expirando un largo aliento, estirando al maximo los músculos, la rigidez del orgasmo, el reterner ese chispazo todos los segundos posibles...un estallido que te haga sentir parte de un universo infinito, polvo de estrella, implosiones estelares, viajes que empiezan penetrándote y acaban transportando tu mente a la velocidad de la luz.
Y volver al sitio, al instante donde en el que vuelve la luz tras un apagón efímero... Ser consciente de quién tienes enfrente, poner nombre a la felicidad.
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