sábado, 8 de marzo de 2014

Ocho

Y la verdad es que te echo en falta. Tus maneras. Tus alardes de ironía que no había tez suficientemente pegada que no se estirara para sonreír al risueño sonido de tu palabrería. Tan dulce como una niña, tan seria como una mujer.

Eras el momento exacto del lugar perfecto, pero ni yo ni el tiempo se pararon. Por mucho que visualizaba en silencio aquellos ojos que un día me entregaste.

Y como me prometí el mismo día que me disparé en este pie. Sonreiré con saber que tu estarás bien.

No se puede pedir más, ni el mayor de los derechos me ampara. Pedí soledad, y no me han podido dar un regalo mejor.

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