A veces no entiendo el porqué. Ya no en mi situación, que me desgasta los pasos de esta danza torácica, sino ahí afuera además. No lo entiendo.
No entiendo como me prohíben y coaccionan mi fundamental derecho a la decisión. Sólo somos escuchados como viento entre ramas deshojadas. Sólo una vez cada cierto tiempo. No lo entiendo.
No entiendo como me privan de mi decisión de ser padre o no. Mi opinión no importa. Pero es mi acto. No lo entiendo.
No entiendo como la hipocresía se viste y encaja hasta en la más entallada falda de prostituta para presentarse ante nosotros como defensores de la vida, y a la vez, asesinos de humanos que, tales como ellos, demuestran tener más ganas de vivir que nadie. Por eso sus carnes lucen heridas, por que huyen de la muerte. No lo entiendo.
No entiendo que no exista la cuestión de cuestionarse. No entiendo como un número también puede tener órganos, sentimientos, respiración incluso; y a la vista queda, que sólo es un número. No lo entiendo.
No entiendo porque lo llaman destrucción y horripilante, cuando sólo son dos personas iguales demostrando que también saben amarse entre ellas mismas. No lo entiendo.
No entiendo por que la gente no lo entiende, sino ataca. No lo entiendo.
"Comprender, no condenar"
(Baruch Spinoza)
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