miércoles, 2 de abril de 2014

Once

Me explotó en las manos. Casi sin quererlo, sin buscarlo.

No lo creeríais. Tintadas sobre mi cuerpo se hallaban palabras que se desvanecieron como nuestras preocupaciones. Gota tras gota, los trazos se emborronaron en sus curvas que una a una, fueron paseadas por mis manos tan vertiginosamente como hondo se enterraron sus uñas en mi espalda. ¿Locura? No, aquello era algo mucho mejor.

Sin preguntas, ni palabras, casi sin nombres. Transcurrían los pasajes sin ser observadores más allá de unos metros a lo lejos del borde del colchón. El mejor de los adivinos murió en el desconcierto de no haber podido predecir aquello. El alcohol fue un invitado más de nosotros que nos condució a una estación exclusiva de ambos, y de aquellos que nos oyeron.ç

El cerebro se vuelve tan jodidamente egoísta que apenas comparte algo con la memoria. Sólo ligeros detalles que  a pesar de todo, bastan para pintar el lienzo más que impresionante. Con qué poco me basto,  pensarás, por que si te supo a poco, a mi déjame vivir con la felicidad de mi ignorancia, pensando que tengo guardado el recuerdo de aquella explosiva mirada. Supongo que ni tu marca de lateral supieron avisarme de que, como si de la leyenda del hombre lobo se tratase, me convertirías en una bestia mecida por el tono de tus aullidos.


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