Golpes de hechizo que te hacen esnifar almohadas. Una locura temporal y de temporada, lo que hizo el cierre perimetral que no lo aguante una buena primavera.
Y en esta luna llena que no me hace aullar, la intensidad se desborda como el sudor en mi pecho tras darme cuenta que llevo media hora haciendo el intento de bailar boleros como si nadie mirara.
Codazos que te hacen admirar la tizne roja del deseo, porque así se tiñen los latidos incandescentes, porque así te la juega la perversión de descubrir que hasta el demonio fue un día un ángel, querida.
A gustisímo y sin dejarme ahogar entre unos brazos voy, con el espejito en el bolsillo para recordar a mi intermitente memoria por quién debo morir cada noche que me voy a la cama. Hagan lo mismo.
...
Dios, ha sido tan frenético teclear todo esto que si fumara, daría una calada interminable para luego echar el humo hacia arriba, como queriendo mandar una señal a la felicidad. "Eh, tía, es aquí".
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