jueves, 6 de mayo de 2021

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Suena lluvia que me lleva a un simulacro de paz interna. Casi como cuando está ella y noto sus dedos trazando caminos en la palma de mi mano. No sé que es, pero lo hace de una manera que me relaja. Cómo cruza los dedos, cómo a veces cierra el puño, como intentando engullir el mío...dios, estoy colgado de ella.

Ese tintineo de como cuando era un chaval. De cuando la pasión te levantaba sobre las nubes, la ternura incluso. Pero ahora una parte se asusta. La sala de mandos de mis emociones se pregunta que de dónde demonios ha vuelto a salir aquello que antaño no pararon de desfigurar, trocear y romper tantos episodios frustrados.

La bisoñez de un adolescente, con la preocupación del adulto que no sabe o no contesta. Eso es lo malo. Murmullos internos de dudas, preguntas y suposiciones que desaparecen de un plumazo cuando hace acto de presencia, bien sea para mirarme a los ojos y provocar un escalofrío espinal, o para soltarme un pensamiento tan absurdo que es digno de mi tontería.

Estoy colgado lo sé. El primer paso es reconocerlo. El desvarío, las ganas, las formas, el pasar de "yo duermo solo" a "quédate a dormir". Los impulsos que hacen bola y que forman parte de cosas que llevo tiempo trabajando. Se ha metido ahí, cruzando sin mirar, plantándose en mitad de mi calle, provocando que de un frenazo en seco y no saber qué hacer. Con su belleza por castigo, sus piernas interminables, su sonrisa... Explícame qué demonios me pasa con su sonrisa, porque sigo sin poder darle forma.

Suena lluvia. Gotas como el sudor que se desliza por el cuerpo en tiempos de desenfreno y luz roja. No tengo palabras, sino miedos. Por eso la paz es un consuelo en mitad de esta tormenta.

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