Pueden ser las luces en la carpa. El no bailar pegado, fundido en un abrazo fraternal. La ausencia de ese cariño. La experiencia compartida. Joder, sigo muy roto.
Y es normal y supongo que está justificado egoístamente que, en ocasiones, me quede mirando al infinito sin ver nada, porque la mente en ese momento se ha marchado lejos de allí. Es normal que se me salten las lágrimas, que ciertas vivencias o momentos me toquen el nervio interno de la fibra emocional. Pero, ¿Es normal que siga muy roto?
He olvidado la complicidad flotante que se palpa cuando uno se refleja en unas pupilas contrarias. Es ya una quimera que algún dia confundiré con algo similar, un suceso que me costará notar, tan evidente que tenga que confesar que simplemente soy daltónico a la mezcla de color que ilumina algo tan bello.
Un paseo de huellas dactilares por los lunares de un cuerpo. Hilando uno tras otro como si fueran islas por descubrir en una piel caliente mientras suena "Just give me one more day" de Alejandro Vargas. Tocar esos puntos cardinales de nuestra envoltura con la pasión que resuenan las notas del piano y, a la vez, la delicadeza peliculera de mirar cada fotograma de lo que pasa para grabar ese momento en la memoria.
Estoy roto y ayer perdí la memoria mientras bebía vino, copas y dolor. Estoy roto porque simplemente hay cosas que nunca se arreglan del todo.
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