Delante de mis narices. De ahí quizás tal carga de culpa, de dolor interno. Pues claro que no debe ser fácil barrer los añicos de confianza para hacerle hueco a algo que siempre estuvo ahí ¿verdad?
Me tapo la boca porque el subconsciente me pierde. Traición por doquier de alguien que entre temblores cortó sus propias cadenas, abrió el portón encajado con el óxido del sufrido esternón, sacó su único tesoro y te lo entregó para que le dieras luz, calor...lo volvieras a hacer sonreír. Y lo hiciste, lo hiciste increíblemente bien. Por eso me enamoré bajo tu ser hasta la atomización de mi propia persona.
Pero claro, el hacer estallar todo de esa forma bajo el manto de una excusa barata debió de manchar demasiado. Suerte. Yo, créeme, que te seguiré queriendo igual. No en este presente, sino en ese intervalo en el que ángel me hizo recuperar la fe a base de amor.
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