Los miedos estrellándose contra los acantilados porque me coges de la mano y nos vamos a seguir recorriendo carretera para llegar y decir que te comí la boca mientras el sol caía en la punta de este continente. Cómo cojones no va a ser bonito.
Y seguir, parar en una playa desierta. Unas fotos. Verte pasear mientras me tiro en la arena. El mar susurrándome su envidia porque solo puede mojarte los pies, y yo sabía que te tenía entera para mí.
Pensaba, inúltimente, que habría más, que no se acabaría. Qué todo volvería a regenerarse como las hojas con el paso de las estaciones, solo que con la ilusión de vivir pronto una primavera perenne en la que cogerte del brazo y decirte con toda la confianza del mundo
¿Dónde quieres ir hoy?
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