Me encanta dormir en verano junto a las ventanas. En Cuenca son como los hielos que te refrescan no por que la bebida este fría, sino por que te congelan los labios. Es un fresco tímido y jocoso. Hay que saber tratar con él.
Cuanto más te alejas más horrible es la sensación. Sudan mis praderas carnosas en el arraigo recuerdo. ¡Cómo me silbaba el viento en los oídos mientras agarraba una esponjosa almohada! Miraba perdido al infinito como el guerrero tras la batalla victoriosa, cerraba incluso los ojos, había conquistado la paz en mi ser durante momentos.
Agosto me está agarrando bien fuerte. Las moscas son las únicas merecedoras de llamar a esto un hogar. Dependiente de entradas y salidas. Apnea constante en donde se supone que debo comer. Lo barato sale cerdo.
No puedo dormir, ni una ducha normal puedo tomar. Estoy atrapado. Decirme que mañana será otro día es como decir que me deseas que siga pudriéndome. Así no, que me enamoro y cuando me enamoro, vomito.
Me apetece leer, porque tengo ganas de leer. Me apetecería leer unas mágicas metáforas, pero la magia es cosa vaivenosa, de vaivén que no de vena, aunque podría ser. El caso es que tengo un libro que promete aprender a escribir. Ya solo me falta leerme uno que verse sobre aprender a escuchar para ser la mayor mentira que recuerdes.
Hace calor, hoy la ventana está lejos. Hay ruido en la calle en vez de calma, esta zona es distinta. Bebo agua fría para que me suba la fiebre, pero es la angustia de una mano erizandome la espalda lo que sería la guinda. Dormir sólo no es siempre un lujo divertido.
No me gusta escribir muy a menudo porque es como comer rápido (no sienta bien), pero hoy es que no me duermo, la ventana está muy lejos. Los muelles se clavan de manera tan constante que me recuerdan a las veces que me dicen que pare.
Normalmente las experiencias te hacen más algo. Al estilo chanclas de mierda con tu revista favorita.
Moraleja, ¡eso era!, venía en una caja de cereales. La moraleja de esto es que me hubiera hecho muchísima gracia vivir al otro lado de la cama, me hubiera hecho hasta palomitas para verlo.
Yo trabajo. Trabajar está bien por que si no lo haces se ve que no eres patriota, y eso por lo visto no es bueno. Hay que ser patriota. Pero estoy tranquilo por que no siempre tienes que serlo, sólo hasta que tu empresa forme parte del abanderado económico de tu nación y tus fábricas de producción, situadas en un país que no es el tuyo, den los suficientes rendimientos cómo para llevarte ese dinero a un tercer país. Yo de mayor quiero ser patriota.
Tan niño que aún me queda sonrisa inocente. Adulto como para aparentarlo. Al final lo voy a tener todo y no me casaré con una cordobesa sólo por no haberlo intentado, 'no ni ná'.
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