viernes, 8 de agosto de 2014

Veintiuno

Y tu preguntas quién maneja mi barca, yacía de pie en frente de mí, en su mano una guadaña.

Donde manda patrón, saqué el revolver, ahora manda marinero. Soy el capitán de mi alma, un idiota desapasionado en los mandos de este velero.

Controlo la situación sin el pánico, un navío medio 'hundío' con mirada de cínico.

Cada segundo es una batalla nueva y yo no tengo arsenal para tanta estupidez. La alternativa a la salida se viste de feliz ignorancia y usa mis lágrimas como la mejor de sus fragancias.

Fruto cruel que nace la esencia, de saber acontecer los oscuros rincones marcados por tu infancia.

En la noche nunca se me escucha, nunca vacilé por la acera de mi desdicha. Ahora soy nativo de una luna que ni se dislumbra, que ni vale la pena vender porque esta llena de trincheras que construí para hacerme más fuerte, un poquito más fuerte, sentirme así uno más en esta sociedad llena de mentes inertes.

El fracaso nunca me cansa si no me acosa, viendo el éxito como la mayor de las excusas. Mis caminos se cruzaron y ni por ello pude encontrarme. Adalid de vivir desincronizado en este baile.

No preguntes por nadie si ves que el copiloto va vacío. Yo nombro reinas por que no abdican pese al frío. Perdi mis pantalones pero aun mantengo el juicio, quizás fuera al revés pero no tengo desperdicio. Mas imploro ser la parte contratante de unas caderas, el timonel visionario vigilante que te mantenga caliente esperando a que suenen las sirenas.

No tuve las más mínima intención, inocente, en primer grado de abstención. Amar un delito, y mi carcel tiene una puerta giratoria, para agitarme pero no removerme y terminar asi de díficil esta historia.

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