Ermitaño obeso en la caverna de Platón que a pesar de todo ve las sombras, ve las manos, ve la luz del mundo exterior en un halo mínimo de percepción visual, mas reflexiona, ahonda una respiración para no morir en su propio sebo y "cabizbajea'" entre gimoteos.
Necesidad de pruebas, pues sólo los mancos pueden contar a dedo las esperanzas marchitas. Jodidos infieles, más, más, y más y todavía un poco más.
Aquí, en este barro del que salió un brillo, vinieron a arrasarlo todo con sonrisa de abuela simpática y mente de viejo diablo. Furcias más que furcias, que no hacéis más que joderme el pecho, cuando yo solo quiero partírmelo creyendo que valgo para algo.
Otro goteo, el lagrimal hasta la polla de irritaciones pidiendo respiros, asuntos propios y algunos días más de vacaciones.
Enebro cada vez peor la realidad y se me deshilacha la alegría de forma tan penosa que ni para ovillo de mal gato tuerto callejero serviría.
Andalucía, no estoy madre mía. Me falta sal en las grietas de los labios. Que salí tan corriendo que me fui dejando el traje de domingo en los salientes de Despeñaperros...
y no me di cuenta...
hasta que en Cuenca...
llego el frío.
Y tu ya no quieres locura por que dejé de gritar al cielo todo cuanto te quería mientras tu me tapabas la boca por que a ti eso no te iba.
Y punto,
y coma...no se quede usted con hambre
y guion como el que nunca tuvimos
y raya...como las pintan blancas las narices
y cero... como la fe en uno mismo.
Sigo sin ser austero a olvidarte. Las noches siguen soñando contigo, con otro, contigo, con otro. Y quien dice noches, me dicta; quien dice soñar, me escribe; quien dice otro, me copia.
Y lo mastico, para que cuando llegue el día no morirme del todo, por que sigo siendo la mentira que nunca llegaste a creerte.
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