jueves, 19 de febrero de 2015

Recuerdo

Derrota, cuando tuviste la oportunidad abrazada a ti. Y es que desde entonces odio los parkings. Lucha inestable, y me llueve ácido, por que cantar a un tiempo tan feliz también tuvo paraguas con agujeros.

Amar hasta el mismo cielo, pero de puertas para adentro, sin ningún argumento, pero como a nadie.
Y acostarte con la luna y levantarte sin su sonrisa, de mayor y de pequeña. Odio de sin sentidos.
Y en fin. Yo era diferente, el diferente para lo bueno y lo malo.

Un recuerdo que quiere vagar cuarenta años por el desierto de tu piel tostada, un creyente de lo improbable, puesto que los imposibles cuentan que solo son retos con valor añadido, lo malo es que no tengo la mente para creencias, cuando ya no creo ni en mi mismo.

Un recuerdo, eso es lo que soy. Que ya no está acariciándote la espalda ni quitándote la ropa entre velas o viajando a lo desconocido solo con tu sonrisa en la maleta y poniendo los pies en el salpicadero.

Un recuerdo que se sostiene de tu simple capricho de querer que sigas recordando, un tabaco que se fuma calada a calada mientras el humo viaja hasta mis pulmones, una droga de la que sabes los efectos secundarios, pero que sigue en tu tocador de emociones con el frasco a medio tapar.

No es nombre, porque sabemos que no eres de nombres, pero yo si; y es extraño y no es amistad como tal, es más simple y al medio segundo de lo más complejo pero ya lo sé, un recuerdo sustento a un mástil, una bandera a media asta por el luto prolongado y...
...esperando a que el viento y el tiempo la vaya deshilachando si no hay manos que la vuelva a coser a base de quien sabe qué, ni de cuándo, ni de dónde.

La viva voz tapada.
A cuento de menos imaginar.
Una vida añorada.
Remando en un mar atorado.
A viva voz ahogada.

Y poco más.


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