La verdad es que la desconozco, es aquello como lo de la felicidad: cada uno tiene la suya. Y en verdad, la mía, sigue con la mira torcida, disparando con la misma afinidad de un soldado impreciso, un stormtrooper, un francotirador que toca las palmas, un beso nervioso que se equivoca de lado y de mejilla.
Qué tierno, qué profundo, qué mentira. Cada nuevo día interactuando hasta romper la cerradura, criticando lo que a escondidas hacemos, bañándonos en soberbia como la mismísima faraona en leche de burra, pero sin el "como" ni la leche.
¿Qué hay de cierto en mi acierto? La filosofía de besos tan vacíos como un tercio en el antro más perdido.
Es gracioso, y perpetuo, ver que de golpe y porrazo pasas de amor en amor de tu vida. Seguro que esta es la vez definitiva, seguro que no me falla..."La experiencia me dice lo contrario", ay vida mía, ojalá la experiencia se ocupe de contradecirte.
Y yo diré adiós, por que no juego al "contigo o sin ti", porque no aprendo reglas que tienden a romperse, porque imagino en exceso lo que por miedo nunca puede hacerse, lo que escrito queda y no tarda en emborronarse... Pero eh, la vida, o lo que nos queda de ella, la bebo mirando de reojo, sonriendo mucho, enseñando el corazón a toda esa mierda de autoayuda- hablo del dedo, el músculo se lo enseñaré a quien me dé la gana-.
En definitiva, metí la mano en el bolsillo, saque un insomnio descosido, probé suerte en el otro y estaba roto con un agujero por el que cayeron mis 30 monedas de plata. Mejor así, sin carga, sin pausa, sin abrazos de malta pero...
...sin olvidar ninguna mirada.
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