Seguramente terminaremos abriendo los ojos para ver qué el mundo es más ancho y amplio de lo que alguna vez pudieron abarcar nuestros brazos al otro.
Sólo basta con ver los caminos que dibujamos a trazos desiguales, demasiado variopintos y con algún cruce donde los colores se mezclaron para no dejar que todo fuese blanco y negro.
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