La cima que se torna brillante con el paseo rutinario del lorenzo de este a oeste, como siempre, como yo y mi elección sobre este o este camino.
Entre estas paredes de carne y huesos arqueados, que dicen formar una caja pero que en la vida he visto esquina alguna, ahí y justo ahí, se sigue balanceando uno de tantos «yoes». Colgado de un cero que anuncia el redondeo de sus posibilidades y que, imbécilnente, sigue tocando a la puerta de cada espinazo, haciendo propuesta popular unitaria de sus impresiones personificadas. Como los viejos, antes estábamos mejor.
¿Entendéis ahora que no me haya desecho de ese retal? Pues yo tampoco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario