sábado, 30 de julio de 2016

#70

Lo bueno y lo desconocido.

Ese amor —o impulso nervioso parecido al hambre— por el que te preguntan y no atinas a descifrar, ni a crear un idioma capaz de hacer comprender al interesado, aquello por lo que tu cerebro sufre millones de espasmos eléctricos en orgías neuronales.

Ese salto que nos soslayan las comedias románticas —falsamente– de impulsarnos a lo desconocido bajo la ilusión de la premisa "el 'no' ya lo tienes", o la versión para dementes de "podría ser él/ella".

Un salto por lo bueno a lo desconocido, porque los productores de airbags emocionales tienen bocas que alimentar.

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