Tengo los miedos brotando por las mejillas, por la ausencia de un buen golpe; De esos que no hacen crujir los huesos, los que son más de partirte el alma.
Bipolar por moverme entre tus dos hemisferios, tocando fondo en tu cima; como mi autoestima, felicidad ínfima, jugando al tonteo entre pastillas y morfina; pero el dolor no se va de encima, por mucho que abra el sésamo de tu cueva de Aliba.
No obtengo alivio, siempre resurge por la falta de lívido. Siempre pensando en que estoy perdido, siempre borrando el futuro de mi libro; una confusión que nos afea como persona, la maldita pregunta de reconocer si estoy loco o poder echarle la culpa al amor por todo esto que me quema.
Margaritas que sortean el azar, al mismo tiempo que el verde se funde; en preocupaciones que nos quieran dar, todos aquellos carteles que puedas observar. Compra algo que no necesites, más cultura para fotografiarla bien en Instagram, vacilar más de las piernas que abres, que todas las bocas que te quedan por cerrar.
Así os miro, sin fumar el cinéfilo pitillo pero abrazando fuerte el abrigo, envidioso de vuestras sonrisas, porque siempre la felicidad me folla siempre con condón, de aquí que quiera ser la piel que se os eriza, las lágrimas de risa o la última vez que os mirasteis con orgullo de un impulso a las excusas de la razón.
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