Hará algo más de un mes que volé hasta este recóndito escondite. No puedo a ciencia cierta(mía)describirlo con toda la exactitud que merece y me gustaría. Podría sacar la lista de "adjetivos excelsos" y decir "oh, precioso, espectacular, bellísimo...", pero no me quiero quedar ahí.
Habito en paralelo a unos de los extremos del tranvía. El discurrir reptiliano por sus vías me transporta a una pirámide de dónde surge el principal motivo de mi estancia aquí. Sí, estudio en una puta pirámide. Todas las mañanas —las que me levanto a hora— mi facultad dibuja una instantánea propia de decenas de hashtag en Instagram, con sus consecuentes adulaciones. De las buenas, de esas que no vienen precedidas del cacho de carne con frase de Paulo Coelho incrustada para posturear de que somos algo más allá de la dermis, que también leemos a autores de best-seller y nos sentimos uno más de la cooltura actual.
Para los que os hayáis perdido, si le echo una foto a la pirámide, queda muy bonita.
Fuente fotografía: ElperiodicodeCanarias.com
(Sí, no tengo una puta foto de mi facultad, aún...)
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