No me cierran los párpados,
les hace tope mis miedos.
Escalofrío de levantarse sin saber ni el cuándo ni el dónde,
añadiendo con suerte la incógnita del quién.
La frontera de Gaza en mi cabeza, el Karina entre mis dedos, el Sena escupiendo ardiente en mi pecho.
Añorando el arte de amar de amor que no sucumbe, como si fuera eterno el celo.
Trata de carne censura mis modos, caladas de jazmín por los rincones, durmiendo en una cama rodante mientras clavo los codos, con una sonrisa que entresale pensando en todos esos ciegos, Pancho, te juro que son gigantes.
No quiero pasar las hojas del calendario, me niego a destapar este edredón. El calor viene todas las mañanas a sacarme, del sueño profundo de mojar mi boca en ron. Habito esta habitación sin don, me dan las doce haciendo piruetas mientras me desperezo, todo por la patria y yo más de cielo, saltar alto para disfrutar de la caída libre hasta el suelo.
Los ojos abiertos para no perder detalle, de todos los retales que me hacen volar por los aires, me quedé con el de besarte a oscuras, para así tener la libertad de imaginarme.
Trata de arrancarlo por Dios, que no quiero quedarme tirado. Intenta no abrazarme tan fuerte, podría salirte disparado. A diario, vivo un 5% de energía constante, no cierro los ojos por sueño, es por que necesito desconectarme.
Una mirada que te describa sin usar el lenguaje, curvas de rally por tu lateral, fácil despeñarse por ellas, tratando de arrancarme el malestar. Sigue deshaciéndote en mi boca, que aún no dieron las doce; sigo soltando palabras sin sentido, con tal de provocar al lector algo con lo que goce.
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