Las sábanas que se enredan como los tirabuzones de una larga cabellera. Lo hice por ti. Por las veces que no me sacaste a bailar. Por las copas que derramé y las veces que volqué sobre tu portal. Por las que pasé de largo y escupí. Por las que lo miro de lejos, aun sabiendo que ya ni vives allí. Gotea una mezcla oscura con trazas mínimas de algun matiz claro. Color dolor, color feísimo. Todo fuera, dejando el hueco para la sonrisa. La pedrada emocional. La puta locura de follar durante horas hasta doler, sin pensar en la carne, sólo en el deseo que esparce sobre los miedos una capa brillante.
Y no hay gris, sino que el blanco engulle al negro sin efectos secundarios. El terreno se queda resplandeciente, puro y celestial. Listo para volver a pintarrajear cualquier otra cosa que tengas que decirme.
Respiro hondo, pero despierto. Pestañear y observar el color de la bombilla en el cielo, destiñendo las formas en las que imaginé un lienzo en el que me reía después de tanto mal trago.
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