Respiro en tristeza constante, en un dolor continuo y escurridizo, que no para de asustarme cuando giro el vértice de los momentos de cada día. Soy consciente que no se irá del todo, pero que esto ha sido demasiado por la magnitud de la caída.
Repetí varias veces entre sollozos que fuiste tú quién devolvió mi sonrisa a su sitio después de años donde la felicidad parecía un tema tabú. Por eso no deja de ser irónico que te la hayas llevado con tu marcha.
Suena demoledor que todas tus fotos y momentos sean puro cine, y no es porque te tenga encima de ese pedestal al que por más que me estiran del brazo nunca quiero llegar, es porque son jodidamente bonitos de ver. De imaginarte ahí, parada, capturando esa esencia entre tanto ruido.
Es lo que eras para mí, un instante fluido y cargado de paz y júbilo contenido en forma de cariño en múltiples expresiones en mitad de esta tormenta diaria que es la jodida vida.
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