viernes, 30 de enero de 2015

Nacionalizado extranjero

Escrito en los últimos días de 2014:

Y me empapé de todo aquello que no siempre tiene por qué mojar.

Y la dislexia  me hizo en la lengua mayor enredo que aquél de cuando nuestras piernas se abrazaron y nuestros brazos se perdieron en tirabuzones y bajadas de escaleras de caracol.

Y entonces descubrí que éramos tú y yo:

Nacionalizaste mi torre, expropié tus cárpatos, te apropiaste de todos mis recursos, de todos mis nutrientes, hiciste público a mis ojos la falla de tu cañon colorosado.

Nos hicimos políticos de nosotros mismos y jugamos a corrompernos, pero sólo el uno al otro, por que tú ya sabes que a mi lo de la globalización me suena a cuento chino.

Rompí mi pasaporte, se rajó la fotografía por que yo no era aquél. Ahora tenía tendinitis de quijada de tanto sonreír al verte desnuda en mi cama, al hacer todas esas cosas con la boca que prohiben por aquello de "con la comida no se juega" (pero que tú sabes que "y ami qué", que en nuestro país no existen esas leyes).

Mi lugar de procedencia ya no importa, ahora se que nazco en tus labios cada vez que pronuncias mi nombre y muero besando el cielo cada vez que te tiemblan las piernas de tanto chocar nuestros continentes. Y pese a ello no dejas de pedirle la réplica a Richter.

Que mi nacionalidad se llama el "chico de...", que mi bandera se iza al viento cuando te deshaces la coleta, que mi himno son los gemidos que entonas y que tanto malestar provocan a la vecina, que no la culpo, pues siempre supe que era racista.

De religión no te hablo, por que si existe dios, lo haré a mi imagen y semejanza el día que tu quieras hacerlo conmigo.

De valores, y conquistas, llenaré los libros de historia. Uno por cada gran mayoría de las veces que hagamos memoria.

Y me sequé de todo aquello que no siempre tiene por qué mojar

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