Y abro YouTube y otra vez tú. Abro un libro y ahi sigue tu cuerpo provocando tormentas encima de mí. Y estos fenómenos me incitan a querer recobrar lo impulsivo de tu voz quebrada por el auricular. Cachonda, desquitada, instintiva...exigiendo palabras a chorros que siguieran echando carbón a la caldera de tu entrepierna.
Me pongo a pedirle al aire como el que ordena algo teniendo mayordomo sólo en su cabeza. Quiero una cerveza fría, observar como te bebes otra. Degustarme en la efimera importancia de los planos detalle que monto en las películas en las que hago el papel de principal, secundario, narrador y director. Tu pones la producción y el guión, para hacer al revés de todo el mundo: un libro basado en el largometraje de viajar para reencontrarnos con nuestras ganas.
Libertad provisional de unas pocas horas para sentimientos internos con penas abultadas, desajustadas y que estuvieron en el lugar exacto, pero en el momento equivocado. Creo que en mi vida había experimentado eso de querer morir matándote a polvos.
Y ya no sé si te fuiste por miedo a repetir la historia, o que es tu forma, o que se me quedó cara de flipado y yo que sé. Que no. Que haber cómo te digo que te quiero, sí, pero como pueda querer al mejor de los amigos que si me pregunta si nos tomamos otra, no le puedo decir que no. Con la leve diferencia eso sí, de que por simple obligación empírica, nos pusimos, con sarna pero con gusto, a destrozarnos los límites carnales, con un fin científico, repito. Un experimento con erótico resultado.
Y pese a que la ley de atracción ya llevaba mucho tiempo inventada, lánzame tú la primera piedra si alguna vez no hiciste aquella cuenta estúpida en la calculadora aunque supieras el resultado, sólo para estar cien por cien segura. Pues eso.
Llámame, o no. Escandar escribe eso de "tengo unos buenos días en la punta de la lengua cariño, tu sólo tienes que abrir las piernas”. Por no copiar, te diré que es tarde, pero que guardo un tarro de esa esencia, pequeña pero tan concentrada, que ya quisieran las escalas tener exactitud para medir esos temblores.
Y todo esto venía en que hoy me hubiera gustado salir de la autopista, tomar un desvío, parar en la mitad de tu limbo y escucharte.
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